martes, 10 de abril de 2012

Love the way it hurts

Unas velas, espuma y agua caliente. Sonaba de fondo música suave. Era lo que necesitaba en ese momento.


Había sido un día gris, de hecho había llovido. Pero no era el único motivo por lo estaba de bajón. En el curro no había tenido ni un momento para descansar y al llegar a casa tocaba cocinar y limpiar para que todo estuviese al gusto de él. ¡Qué remedio! Al fin y al cabo, era lo que tenía que hacer, lo que todo el mundo esperaba que hiciese.

Por suerte la niña había pasado el día con su tía y no volvía hasta el día siguiente. No había prisa, para que mentir, no le gustaba que ella estuviese en ciertos momentos.

La relación con su pareja era bonita. Cierto era que con algunos altercados. Lo normal, vaya. ¿Qué pareja no discute hoy en día?

Miró el reloj, era tarde. Mejor que empezase a hacer la cena. En ese momento escuchó que la puerta se abría. Él entró en el baño, se le notaba agotado. No se molestó en saludar y dijo: “¿Está la cena hecha? Aunque tu deberías no cenar, ¿te has mirado al espejo?”. Ella apartó la mirada y negó con la cabeza avergonzada. Él elevó la voz “Después de todo el día trabajando, llego a casa y me encuentro con esto, vergüenza debería darte”, la cogió fuertemente de un brazo y le levantó la cara hasta que sus miradas se cruzaron “Mírame a la cara cuando te hablo puta”.

Esa noche ella se acostó en la cama con los ojos rojos de llorar. Él ya le había pedido perdón un par de veces. Intentó dormir mientras su cabeza iba y venía repasando los años de relación que había vivido. “En realidad me quiere y tiene razón, después de todo el día trabajando es normal que llegue cansado a casa”. Y con este último pensamiento ella se durmió.

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