Hace mucho que no escribía, y no porque no tuviese cosas que contar, simplemente ha sido porque mi vida ha dado un gran giro y todo ha cambiado. Retomo el blog otra vez, para acercaros un poco más a mí e ignorar por un momento toda la mierda que nos está cayendo.
Os quiero contar una cosa que he aprendido durante estos días. Muchos, quizás, sabréis de que os hablo, pero para los que no, espero que os sirva como el empujón que igual necesitáis.
Muchas veces debes dejarte llevar y si ves que no estás a gusto en un sitio, no debes permanecer ahí por miedo a avanzar hacia algo desconocido. Cambiar de gente y vivir experiencias nuevas es algo maravilloso.
A veces puedes sentirte atrapado en un entorno en el que claramente no encajas, personas que son meros actores secundarios en tu vida, con las cuales no compartes nada más allá que ciertas cosas básicas, o ni esas. Te sientes aislado y forzado a fingir algo que no eres, a seguir el royo, uno que ni si quiera te gusta.
Lo importante es darte cuenta de que no puedes estar así, es más, no debes estarlo. Y llega la parte más dura, esa de cambio, la que todos tememos. Esa temporada en la que buscas un lugar donde encajar y pretendes, poco a poco, deshacerte del inadecuado. Es difícil, y os aseguro que parece que no vas a estar bien en ningún sitio, pero entonces pasa.
Pasa y llega ese momento en el que encajas perfectamente en otro sitio, con otras personas. Donde de verdad puedes ser como eres, donde de verdad no necesitas fingir y donde los abrazos, los besos y los te quieros te salen de corazón.
Pues bien, yo he llegado a ese sitio, lo he encontrado. Y desde aquí os digo que buscadlo, no os conforméis por miedo a lo que pueda venir. Es posible que la zona de intercambio sea larga y dura, pero ya sabéis, después de la tormenta SIEMPRE llega la calma.
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