Crecer, ser mayor, madurar, esto
es lo peor que te puede pasar. Sí, sé que estoy exagerando, pero quizás no
tanto. Tener responsabilidades y tomar decisiones dolorosas, decisiones que
cambiarán tu destino y futuro. Decisiones que son muy importantes, que no
puedes tomar a la ligera, sobre las que hay que reflexionar.
Ves tantos caminos delante y no
sabes qué dirección tomar, hacia donde ir, todos los senderos son oscuros y dan
miedo. Para ti la mejor opción sería quedarte donde estas, pero no es posible.
El tiempo corre igual que el agua entre las manos.
Y entonces recuerdas ese deseo
que pediste hace tiempo. Cuando todo lo veías de otra manera: “ser mayor”. Tu
inocencia veía eso como una cosa extraordinaria y con entusiasmo, tal y como
habías visto en películas, series y libros. Pero ahora que lo tienes tan cerca
te das cuenta de que es más difícil y doloroso de lo que parecía. Te
arrepientes, maldito deseo, maldita estrella fugaz que me lo concedió.
Volver en el tiempo es lo que te
gustaría hacer, y convencer a tu yo del pasado par no pedirlo. Seguir siendo
esa niña de antes, tener una razón por la que reír, una estupidez por la que
llorar y una muñeca para jugar. La inocencia se ha ido, la alegría infantil,
las despreocupaciones, y con ello ese pequeño Peter Pan que tenias dentro,
junto a la bella Campanilla que bailaba en tu interior.
Ahora sientes más miedo que
nunca, te das cuenta de la dureza de esta vida que no espera, de la rapidez con
la que suceden las cosas. Porque decidir es algo difícil, para lo que tienes
que estar preparado psicológicamente.
La gente te presiona cada día, la
sociedad te encamina hacia lo que ha de ser tu elección. “Elige una carrera que
te dé de comer”, “estudia en la universidad para tener un buen trabajo”,
“aprende idiomas para poder trabajar en el extranjero”, “esa carrera no tiene
salidas” y así… se creen que ellos pueden decidir por ti. Yo respeto las
opiniones de los demás y sus buenas intenciones de aconsejar, pero al fin y al
cabo aunque sea duro, tomar esa decisión depende única y exclusivamente de mí.
Tú y el peligro. Tiemblas,
lloras, gritas, cantas, sollozas, sientes miedo, pero esa realidad sigue allí y
no puedes hacer nada. No puedes huir porque no podrás esconderte lo
suficientemente bien de este horroroso paso que es duro dar.
Está todo a punto de cambiar y
solo tú puedes elegir. Si te equivocas aprenderás de ello y vendrán
consecuencias, pero al menos lo habrás decidido tu mismo. La vida es un ensayo,
no todo nos va a salir bien, y aunque parezca que lo has hecho mal, muchas
veces un error te lleva a algo mejor.
Suerte con vuestras decisiones y
vuestros dilemas. No dejéis que NADIE decida por vosotros.
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